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Deconstruir el logo colonizador para sanar el cuerpo social



Para tratar el tema de la violencia como el mal que aqueja a nuestra sociedad, será necesario primero aceptar la existencia del conflicto. Se trata de un conflicto estructural que parte del binomio civilización/barbarie. Binomio de categorías que demostraron ser vertientes originarias de genocidio en nuestro continente.
El conflicto existe y sigue vigente en la “civilización occidental y el resto”, y en este trabajo intento de-construir alguna de las máscaras que los disfrazan y por otra parte, ver alguno de los caminos de salida posibles desde nosotros mismos
En abril de 2012 me encontraba en España, visitando la ciudad de Córdoba, Andalucía.  La persistencia de las culturas árabe, judía y cristiana en las mezquitas, alcázares , ruinas con sus museos de sitio, restaurantes temáticos, nos muestran a los visitantes la riqueza que sedimenta la historia de la España actual. Y de pronto me vi frente a la “casa del indiano” y entonces sentí actualizarse todos los cuestionamientos de la conquista, la colonización, las riquezas originadas en el genocidio.
Recordé las palabras del colombiano William Ospina:

“Muchos conquistadores alcanzaron fortunas para sus reyes y para sí mismos, y la Europa moderna se construyó con esas riquezas” [i]
En estas reflexiones estaba cuando leí la reseña de un libro de historia recién aparecido y su título me golpeo más fuerte que la antigua “casa del indiano”: Civilización, Occidente y el resto.
El autor, Niall Ferguson, es considerado como “el historiador británico más brillante de la actualidad” por el Times, y una de las cien personas más influyentes de la actualidad”, según el mismo medio de comunicación que, como bien sabemos, responde a los intereses del sistema.  Ferguson  ocupa la  cátedra de Historia de la Universidad de Harvard y otra cátedra en la Escuela de Negocios de la misma Universidad. Es fácil comprender que se trata de un intelectual del stablisment, funcional tal como en los noventa  lo fuera Francis Fucuyama con su teoría del fin de la historia, o Huntingtom teorizando el ”inevitable choque de civilizaciones”.
Comencé a leer el libro de Ferguson. Entonces reconocí una de las máscaras  que encubre  el conflicto: el discurso de la historia, la historiografía,  que estaba aquí utilizada, una vez más, como el arma más efectiva para entronizar el poder hegemónico.
Sostengo esta hipótesis y la demuestro a partir de la teoría  crítica del discurso de la historia, basándome en los textos de  autores como Hayden White y, Koselleck, Michel Certau[ii] para quienes la “escritura de la historia es un discurso y como tal cargado de subjetividad”[iii].
Esta crítica historiográfica asume como punto de partida para su elaboración epistemológica, que tanto la historiografía como la ficción, son discursos. Estos discursos constituyen un sistema de significación por el cual nosotros comprendemos el pasado. Sólo a través del discurso, es decir de una construcción humana, es que nosotros tomamos contacto con los hechos del pasado (Benjamin). Un discurso cuya mítica objetividad entró en crisis al plantearse la problemática  frente al conocimiento del hecho histórico, y ante los conceptos de representación y verdad (Derrida), las nociones de causalidad y homogeneidad temporal, linealidad y continuidad como marcas de objetividad de ese discurso historiográfico. Para Hayden White” cada texto historiográfico es un constructo verbal y, por lo tanto, esencialmente literario”.
El autor del texto histórico puede usar los mismos archivos y darles una significación diametralmente distinta, de acuerdo a la versión que desee plasmar: Así la versión de Ferguson tiene su contracara en la edición de las conferencias dictadas en Frankfur, en 1992, por Enrique Dussel, editadas bajo el título 1492. El encubrimiento del otro.
Dussel deconstruye el mito del descubrimiento del “Nuevo Mundo”, que es la construcción de un discurso que a fuerza de repeticiones se establece como la “verdad histórica”.
Ferguson trata de ver el triunfo absoluto e indiscutible de la civilización occidental, hasta ser hoy, la que adopta y desea el resto del mundo. Un éxito que, según él, demuestra una superioridad de “raza”, claro que sin usar el término “políticamente incorrecto”, pero que está implícita en las seis razones qué él considera como la basa de ese éxito. Recuerdo aquí la “negación” a la que se refiere Rodolfo Kusch como el método del pensamiento eurocéntrico para “ningunear”(Ocatavio Paz) al otro, y someterlo.
 Para elaborar en su discurso este “negar” kuschiano, afirma Ferguson, que las razones de esta superioridad fueron seis, y las sintetiza,  luego de analizar someramente las que se fueron enunciando a través de distintos autores, para justificar  casi quinientos años de supremacía de Occidente.
Ferguson  resume así las razones del triunfo:

1.Competencia (…que sirvió de trampolín tanto a los estados-nación como al capitalismo.)
2.Ciencia (…entre otras cosas una importante ventaja militar sobre el resto del mundo.)
3.Derechos de propiedad (…el imperio de la ley para proteger a los propietarios privados y resolver pacíficamente las disputas entre ellos…)
4.Medicina (la ciencia que permitió una importante mejora de la salud y la esperanza de vida, que se inició en la sociedades occidentales , pero también en sus colonias.)
5.La sociedad de consumo (una forma de vida material en que la producción y la compra de ropa y otros bienes de consumo desempeñan un papel económico central…)
6.La ética del trabajo (un marco moral y un modo de actividad derivado (entre otras fuentes) des cristianismo protestante, que mantiene unida la sociedad dinámica y potencialmente inestable creada por las aplicaciones del 1<competencia>y el 5<sociedad de consumo>.)
Y Ferguson agrega, presuponiendo que existirán críticas a su posición, a las que en un a priori, peyorativamente adjetiva como “tautológicas y exasperadas” referidas a las consideraciones imperialistas del sistema:

”Que nadie se llame a engaño: esta no es otra versión autocomplaciente más de ´El triunfo de Occidente´. Pretendo mostrar – dice- que no fue solo la superioridad occidental la que condujo a la conquista y colonización de una parte tan importante del resto del mundo: fue también la debilidad fortuita de los rivales. (…) Las instituciones políticas norteamericanas florecieron mientras las de Sudamérica se agostaron; pero el fracaso de Simón Bolívar a la hora de crear los Estados Unidos Latinoamericanos no fue culpa de los gringos. (…) La razón de que a las antiguas colonias de Norteamérica les fuera mucho mejor que a las de Sudamérica fue que los colonos británicos establecieron en el norte un sistema de derechos de propiedad  y de representación política completamente distinto del creado por los españoles y los portugueses en el sur (en el norte era un ´orden de libre acceso´ en lugar de uno cerrado y gestionado por una elite rentista-parasitaria y exclusivista.)”[iv]p 43 a 54
Ferguson, como Huntington, parecen no ver como problemas institucionales
“el autoritarismo de los Estados Unidos, a partir de 1945, que se proyecto en el control de las relaciones internacionales en una nueva forma de colonialismo, un colonialismo sin territorialidad” (Mignolo,2011:p96)[v]

Podemos objetar además la liviandad con que se habla en un texto que pretende ser “científico”, de la “debilidad fortuita de los rivales” y  de la falta de culpa de los gringos en el fracaso del proyecto de la Patria Grande de Bolívar: en un caso fue la tecnología armamentista y la ambición desmesurada y en el segundo caso, la intervención de los intereses económicos británicos,  temas que todo historiador conoce muy bien.
En realidad la tentación de incluir el texto entero de Ferguson, resulta fuerte, porque cada párrafo es un hallazgo y demuestra que “el discurso continúa”,  pero creo que con esta muestra tenemos suficiente contenido para desarrollar nuestro tema.
Si ahora contrapusiéramos a este discurso, tan claro y aparentemente objetivo, el aparato teórico del discurso poscolonial de Kusch, Dussel, Quijano, Mignolo, u otro, como el de González Casanova Imperialismo y liberación (1973) encontraríamos más razones para seguir confrontando. En ese trabajo González Casanova afirma

“la acción del imperialismo norteamericano en América Latina presentó tres periódos. Uno de 1880 a 1933. Otro de 1934 a 1959 y otro 1960 a nuestros días. Este último tal vez termine en 1973.
Hoy (2014) sabemos que no terminaron los embates, sino que existió lo que podría ser un cuarto período: el de neoliberalismo represivo que, aunque estigmatizado en los ´90, abrió el camino al neoliberalismo financiero que sigue vigente la actualidad.
Pero eso es material de otra etapa de la investigación, hoy pretendería no entrar en la contienda, no es eso lo que objetivo en esta oportunidad.
Si sostenemos que, descubierta la existencia del conflicto, de acuerdo con la tesis del Enrique del Percio,  esto  podría facilitarnos el llegar a reconocernos los unos a los otros en un intento de resolución de ese conflicto, preferiría seguir escuchando al otro, en sus distintas versiones procedentes de la región Norte de nuestro continente, porque es uno de los espacios geopolíticos del poder hegemónico.
Es así que opondré a este discurso de Ferguson, un intelectual Inglés, el discurso de otro intelectual que pertenece al centro mismo de la escena y revela la otra cara de “la  verdad” histórica. Es el discurso de otro intelectual anglosajón, que pertenece al sistema aunque lo denuncia; pertenece en cuanto a que es de nacionalidad norteamericana, con todos sus derechos ciudadanos, y que ejerce su profesión en una de las Universidades más prestigiosas de los Estados Unidos: hablo de Noam Chomsky.
En una larga entrevista que David Barsamia le hace a Noam Chomky, y que aparece en un libro Power Systems, publicado en 2013, podemos leer:

“Realmente, imperialismo es un término interesante. Los Estados Unidos fueron fundados como un imperio. George Washington escribió en 1783 que ´la gradual extensión de nuestros asentamientos serán ciertamente la causa de que los salvajes, como los lobos, se retiren; ambos son bestias de presa, sólo difieren en su aspecto.´” -y agrega Chomsky- “Tomas Jefferson predijo que ´las tribus retrocederán hacia la frontera, tendrán grandes pérdidas por la guerra, y nos veremos obligados a expulsarlos fuera del bosque, hacia las montañas de Stony. Una vez que no necesitemos más esclavitud, mandaremos a los esclavos de regreso al África. Y nos vamos a deshacer de los  latinos porque ellos son una raza inferior. Nosotros somos la raza superior de los anglosajones. Esto es sólo para el beneficio de todo el hemisferio.´
Pero – agrega Chomsky- nada de eso es considerado imperialismo, porque para algunos historiadores el imperialismo lleva la falacia del agua salada: sólo hay imperialismo si se cruza el agua salada.
La diferencia la ponen en el concepto de que en los asentamientos coloniales ´exterminamos´ a las poblaciones locales, no explotaron su trabajo. Esto dicen “los padres fundadores”. Sabemos que cuando llegaron a cercar lo que consideraron su territorio, continuaron a expandiéndose: (Texas, New Mexico, California,Puerto Rico), Cuba, Filipinas, etc.”[vi]

Resulta muy interesante esta revelación que nos ofrece Chomsky,  porque recordemos que siempre hemos sabido  que Thomas Jefferson fue quien redactó en 1776 la Declaración de la Independencia, que se producirá finalmente el 4 de julio de 1776.
Estos argumentos, tanto los de Ferguson en 2014 como los de Jefferson y Washington en 1783, son similares a los que esgrimiera Sepúlveda en las Cortes de Valladolid. Ginés de Sepúlveda en su argumentación se apoyó en la distinción de Aristóteles, según la cual algunos hombres nacen para amos y otros para esclavos, diferenciando a los unos como superiores y a los otros como inferiores. En uno y otro caso estos argumentos sirvieron para justificar la conquista y el genocidio de hace quinientos años. Y  en el caso de Ferguson, para justificar la actual colonización desterritorializada. En estos discursos la conceptualización denigratoria del otro sirve a los propios fines, en este caso para legitimar el reinado de las multinacionales y los imperios financieros. Estos dos autores, Ferguson y Chomsky, nos dan versiones divergentes del mismo período histórico: desde 1492 hasta la actualidad. En uno y otro caso se hace notorio que tanto en “los seis puntos de Ferguson” como en el poder de destrucción, muerte y usurpación de los conquistadores, intervino la capacidad tecnológica dada por las armas y la ambición del poder económico. Tal vez resulte interesante, en este sentido, escuchar otra voz, una más lejana en el tiempo pero contemporánea de las primeras épocas de la modernidad, época en la que tuvo lugar la conquista. Esta es la voz de Giordano Bruno, para quien la época en que se produce el advenimiento de la modernidad, es un momento en que triunfa la “mecánica y el dinero” por sobre la espiritualidad, y la brecha tecnológica se pone al servicio del poder económico. Leemos en el prólogo de Pierre Hadot[vii] al estudio de Nuccio Ordine, sobre la vida y la obra de Giordano Bruno (1548-1601):

“Es muy significativo que en las primera páginas de La cena de las cenizas (Bruno) oponga su propia aventura espiritual a la de los ´mecánicos´ aventureros, que en su época anunciaban el advenimiento de un mundo moderno, dominado por la técnica y el dinero. (…) El Nolano denuncia el cinismo de la ´conquista´ disfrazada de ´descubrimiento´ por los modernos Tifis, o argonautas -(implícita la figura de Tifis, el inventor de la navegación y piloto de los argonautas)- que han conquistado América, movidos no por el deseo de conocimiento, sino por la sed de riqueza. Ellos han perturbado la paz de otros, han confiscado a los hombres sus tierras y bienes, han destruido sus religiones y costumbres. Profetizando lo que se verificaría tiempo después, Bruno reprocha a los modernos Tifis el haber dado a los hombres instrumentos y medios para dominar y matar a sus semejantes. Su testimonio tiene el mérito de ser uno de los pocos que en este período se atrevieron a denunciar la piratería de los conquistadores.”

Pero este discurso de confrontación no tuvo espacio en la historiografía oficial, y su autor, Giordano Bruno, fue quemado en la hoguera de la Inquisición en el año 1600. Se impuso en cambio el discurso de legitimación de la conquista.
Además esto demuestra la filosofía racista en la que se basa desde sus orígenes, la cultura que pretende ser hegemónica. Nada de lo declarado en esas páginas por Chomsky es material secreto, entonces debiéramos preguntarnos por qué nunca llegó a nosotros este modo de ver el mundo de los “padres fundadores” de los Estados Unidos. Tampoco sabemos demasiado acerca de los habitantes originarios del Norte del continente, cuya imagen estereotipada conocemos a través del cine norteamericano. Quisiera aquí darle a los descendientes de esos pueblos oportunidad de ser escuchados en este trabajo. Escuchar a los habitantes originarios del Norte del continente,  los “exterminados” por los “padres fundadores” de la gran “democracia norteamericana” consagrada en su Constitución, en 1787. Constitución que en su inspirada grandeza dio lugar a otro “monumento” de la historia occidental como los es la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” en 1789. Este documento resultante de la Revolución Francesa, fue válido primero para los ciudadanos franceses, luego se extendió a “todos los hombres”(blanco, hetero sexual, padre de familia) dejando fuera de sus beneficios a los esclavos trabajadores de sus colonias en Haití, en las que ejercían una cruel explotación y a las mujeres.

Pero en tanto ese discurso continúa hegemónico y avasallante, existe otro discurso, el de la oralidad. Podríamos decir que aquí se repite otro dualismo represivo: logos vs oralidad. 
De norte a sur del continente hoy llamado americano, existe una herida que no cicatriza: es la huella de sangre, dolor e ignominia que dejó la conquista española, portuguesa y que prosiguieron los colonizadores que llegaron de occidente. Pero esto no sólo es historia sino que es actualidad tanto en el Norte como en el resto del continente.

A través de estas líneas hemos tenido la versión de Ferguson, la versión de Chomsky, la de Giordano Bruno, la versión. Comprendemos que el poder hegemónico se legitima por el discurso, pero advertimos también que existe una lucha silenciosa, pero no por eso menos importante, que se está dando ya. Pero que continúa siendo ocultada por ese discurso hegemónico.
 En la actualidad, vivimos un tiempo de crisis de sistemas, con un “capitalismo salvaje”[ix] (Juan Pablo II), un sistema económico que no se sostiene más (Francisco I[x]). Vemos el dolor y  la violencia que recorren el mundo y  esto se hace más evidente frente a los campos de refugiados que huyen de las distintas áreas de conflicto.  También lo vemos en los muros fronterizos que cierran el paso a los desesperados, en busca de un suelo para vivir en paz.  Reconocemos así la existencia de un conflicto que está en la raíz misma de la cultura occidental: la negación del otro, la negación activa del principio de FRATERNIDAD.

El discurso de la historia, para los hombres y mujeres inmersos en su propio tiempo, en “los trabajos y los días”, la supervivencia cotidiana, esa  es la versión que se les entregaque a través de los medios de comunicación ejemónicos, y esa es lamentablemente la versión que  les alcanza, no les es posible ver la trama oculta en las noticias falsas que van construyendo la falsa historio. Esto es lo que aprovecha el discurso del poder hegemónico.
Porque:

“El lenguaje construye verdades que son ilusiones y que hemos olvidado que lo son”[1]
Y esto es lo que va construyendo esa pseudo verdad, que es la “historia del descubrimiento del nuevo mundo”, de la inferioridad de los hombres y mujeres que la habitaban y la habitan al Norte como al Sur del Río Grande. Es así como se fue conformando ese corpus, ese monumento epistemológico, matriz de la violencia estructural.

Un verdadero “epistemicidio”(De Sousa Santos)
”que no sólo impuso y legitimó  la conquista genocida, sino que modeló la mentalidad de los colonizados de modo que, liberados del yugo del conquistador aun continuaron sujetos en las mentalidades y subjetividades, en la cultura y en la epistemología, y que esto sigue reproduciéndose de un modo endógeno”[xi].
Hoy más que nunca, se hace evidente la necesidad de de-construir el discurso hegemónico, logocéntrico y eurocentrista de la historia oficial.
Es urgente desprenderse del eurocentrismo que instrumenta la colonialidad a través de la epistemología y de la política, es necesario pensar la descolonialidad desde el “estar siendo”. Debemos escuchar el otro discurso, el silenciado:
“Porque cuando llegaron los blancos los ríos se escondieron”
-dice Garabombo, el personaje de Scorza, como metáfora del silencio, pero esa palabra sigue  corriendo por “los ríos profundos” de los que habla Arguedas, esa corriente subterránea y poderosa que corre profunda a través  las cadenas montañosas que como una columna vertebral atraviesan nuestro continente, es la metáfora de la oralidad que comunica a los pueblos originarios. La exclusión culpable, la ambición usurpadora, los mantiene, silenciados y fuera del tiempo de la historia. Recuperar el nosotros, presente en esa oralidad, y desmonumentar el otro discurso de la historia debiera ser un compromiso de la fraternidad activa. (hacer un click en esta frase para actualizar el tema)










[i] [i]Ospina, William  Auroras de Sangre  Colombia,1998.p187
[ii] Certeau, Michel La escritura de la Historia, Universidad Iberoamericana,1985
[iii] Certeau, Michel idem…..
[iv] Ferguson, Nial Civilización. Occidente y el resto ,  2012
[v] Mignolo,Walter “La colonialidad a lo largo y a lo ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de
                                 la  modernidad.” En La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencia social  Edgardo
                                 Lander, compilador. Edclnes Ciccus, BsAs, 2011.
[vi] Barsamia, David Enrevista a Noam Chomsky, Power Sistems, Ed. Metropolitan Books, Henry Holt and
                      Company, N.Y. 2013.
[vii] Hadot,Pierre Prólogo a El umbral de la sombra.Literatura, filosofía y pintura en Giordano Bruno  de
                         Nuccio Ordine. Original E. Marsilio, Venezia, 2003.
[viii] Agueyo, Herman. New Mexico ‘
[ix] Juan Pablo II Encíclica… 
[x] Francico I  Carta.. 2014
[xi] De Sousa Santos,

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