ÉTICA Y ECOLOGÍA
Ayer, en el grupo que sigue las enseñanzas de
FRANCISCO, tuvimos una charla amena acerca del tema trascendente: ÉTICA Y
ECOLOGÍA.
Hoy 16 de diciembre de 2021, acabo de escuchar la tremenda noticia de que el
gobernador Arcioni, traicionando sus promesas de campaña junto con el
parlamento de la provincia Chubut, anoche, “entre gallos y media noche”, aprobó
la ley que permite la actividad minera en la provincia. Uno de los votantes
para la aprobación fue un diputado del PRO, expulsado del partido por haber recibido
soborno en dinero para dar su voto a favor de dicha ley. Todo esto marca la realidad
de la situación que estamos viviendo y la falta de ética flagrante con que se
está actuando. El pueblo de Chubut se había expresado en contra de la actividad
minera con fuerza, con sentido comunitario, en reiteradas oportunidades y
siempre fue violentamente reprimido. Ante este panorama recuerdo algo que viví hace
ya muchos años y que creo muy actual.
El tema de la ecología que comenzó a ser preocupación
del mundo occidental hacia finales de los ´90, dio lugar a la Cumbre de la
Tierra en el año 1992. En ese tiempo me encontraba trabajando en la Cancillería
Argentina, en el área de Derechos Humanos, y en ese carácter tuve la increíble
oportunidad de ser testigo de ese evento, que tuvo lugar en Brasil y que luego
se repitió ritualmente en distintas capitales del mundo occidental.
Fue en esa
ECO¨92 donde escuché discursos grandilocuentes unos y desesperados otros, como
el del entonces representante de una pequeña isla-país que afirmó que la posible
elevación de nivel del mar inundaría las tierras cultivables con las terribles
consecuencias para su pueblo: el hambre. Este discurso breve pero tremendo me
quedó para siempre gravado en la memoria, no en su letra sino en su dimensión
de denuncia y ruego al mismo tiempo.
Otros muchos
discursos se sucedieron en la sede principal de la asamblea internacional, que
tenía lugar en un enorme espacio refrigerado convenientemente, donde un área
privilegiada estaba dispuesta con sus butacas y etc. para los/las representante oficiales de los
distintos países así como para los funcionarios de los
organismos internacionales (burócratas), con un acceso muy reservado. En el
espacio más amplio, siempre confortable nos movíamos el resto de los
participantes (pequeños burócratas) junto con los
periodistas en comodísimas instalaciones para permitir una fluida información
al mundo de lo que ahí transcurría en el recinto principal.
Esto sucedía en
la Ciudad de Río de Janeiro, con un clima de 40 grados de temperatura promedio.
A la conferencia se había invitado también a las organizaciones no
gubernamentales (el tema ONGS era la moda del momento, servía para calmar la
ansiedad de algunos con buenas intenciones y era una oportunidad para estafadores
de la buena fe social). Algunas privilegiadas tenían acceso al área oficial, es
decir confortablemente refrigerada. El resto de las abnegadas ONG, luchadoras incansables
por el tema ambientalista tenían asignado un predio algo distante, medio de
transporte local mediante, en carpas donde el calor ablandaba los más
fervientes pensamientos a favor del cambio climático.
Tanto en uno como en otro espacio se esperaba ansiosamente
un discurso, el de Fidel Castro.
Aún hoy se lo puede escuchar y ver por YouTube. En el
hall principal de la asamblea donde nos encontrábamos en mayoría los “mini
burócratas”, existía gran cantidad de pantallas donde podía seguirse paso a
paso lo que ocurría dentro de la sala principal, ahí donde transcurrían los
discursos de los presidentes y/o autoridades principales de los distintos
países representados. En el momento que se anunció que el próximo discurso
sería el de Fidel Castro el espacio quedó en silencio expectante. Es sabido que
los discursos del Líder cubano eran especialmente largos, todos esperaban que
eso sucediera una vez más, pero no, esta vez no fue así. Un breve discurso al
cual siguieron con atención todos los presentes y que al concluir recibió una fuerte
ovación de pie, de todos los presentes con excepción del presidente de los
EEUU, a la sazón George H.W. Bush. El que horas más tarde no firmaría el acta
de acuerdos a la que arribó esa cumbre memorable.
Los conceptos de este discurso que recuerdo hablaban
de que con sólo un tercio de la población mundial consume las dos terceras paras
partes de los metales y las tres cuartas partes de la energía que se consume en
el mundo, se altera la atmósfera y se afectan las condiciones climáticas. Decía
Fidel Castro entonces que la forma de vida del diez por ciento de la población
mundial, el consumo superfluo, el lujo, el despilfarro, de la población de
algunos países, provocaba el hambre de la mayoría de la población mundial. Pedía
que cesaran los egoísmos y las hegemonías (…) Si se quiere salvar al planeta de
las catástrofes que ya se están viviendo será necesario distribuir mejor las
riquezas y las tecnologías, etc
Decía: “Páguese a deuda ecológica y no la deuda
externa”
“Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debió
haberse hecho hace ya mucho tiempo y no se hizo”
Los aplausos de pie de todos los presentes y el permanecer
sentado, indiferente en apariencia, Mr Bush, habla claramente de lo que nos
deparó el futuro, y es lo que hace tan interesante y a la vez doloroso volver recordar
aquellos días de la ECO´92.
Marta Lucía Nesta
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