La Patria Grande: un sueño
suramericano. Pensarnos a nosotros mismos
Me he preguntado muchas veces por qué nos resulta tan
difícil alcanzar la meta que nos proponemos, y de la que hablamos, a la que nominamos
con siglas varias (MECOSUR, UNASUR, CELAC), pero que parece por momentos un
sueño lejano de realizar: la Patria Grande, NUESTRA AMÉRICA.
El último decenio ha marcado para Nuestra América un despertar de conciencia Y comenzamos a reaccionar ante los adjetivos descalificatorios con los que se marca la región desde los centros del Poder (Europa y Estados Unidos). Esta situación de región calificada bajo adjetivos como: “periférica”” subdesarrollada” , con apenas leves diferencias de tono, que intentan marcar positivamente a los que han aceptado ser sometidos a los dictámenes del Fondo Monetario Internacional, y del Banco Mundial, como “países en vías de desarrollo, “países emergentes” . Los países que se consideran a sí mismo “centrales” , “desarrollados”, en contraposición a esos calificativos, se adjudican el derecho y hasta la obligación de imponer su “programa exitoso” al resto de la pobre humanidad. Pero esto no es una novedad del siglo XX, comenzó al final de la Segunda Guerra Mundial. Frlanklin Roosvelt como presidente del país que salió más fortalecido hacia el fin de esa contienda, el que acuñó la polaridad país desarrollado/país subdesarrollado.
La contraofensiva
Esto ya se veía en los años 50 cuando Perón planteaba la
Tercera Posición. Se planteaba entonces la identidad nacional, como identidad
cultural liberadora. En los años sesenta, con los movimientos sociales,
surgieron la filosofía de la liberación), la teología de la liberación, etc. En los años setenta este pensamiento dio
lugar a que muchos profesores, como Rodolfo Kusch, Enrique Dussel, Carlos
Cullen y otros fueran alejados de los claustros universitarios, donde la
Academia prefería mantenerse en su privilegiado statu quo. Más tarde fue el
exilio, la persecución, la tortura y la desaparición: en cada país de Nuestra
América tuvo un dictador con diferente apellido, Pinochet, Videla, etc, pero
todos ellos con el mismo servilismo al Plan Cóndor, con el cual comenzaba la revisión del pensamiento criollista, continuador del espíritu
colonialista, comenzando por un Viscardoy Guzmán en 1792, la intención de
liberarse de España para entregarse a Gran Bretaña,
El racismo criollo
heredero del racismo eurocéntrico: “El poder y el conocimiento se organizaron
en América Latina desde la negación más crasa de la fraternidad, y esa negación
es el racismo.” P102 (Sarmiento:”…corrigiendo la raza indígena con las ideas de
la modernidad europea, acabando con la Edad Media.”)
Hasta el
esclarecido pensamiento de Martí, que ya en 1989 afirma la necesidad de la
unión latinoamericana: “Es de alguna manera una fraternidad defensiva, pero no
es artificial. No lo es porque nace con el objeto de impedir que un
nuevo dominio afecte la independencia de estos pueblos, pero no es forzada ni
circunstancial pues ese mismo imperativo de defensa conforma la historia del
continente, por lo que la fraternidad se basa en una necesidad histórica de
supervivencia.”(Martí)
Este
pensamiento nace al mismo tiempo
que España es vencida por EEUU en la lucha por liberar a Cuba, entonces surge
un movimiento de fraternidad
hispanoamericana contrapuesto al
espíritu materialista anglosajón. Pero esto continúa marcado por el predominio
de Europa sobre Nuestra América. nueva etapa del neoliberalismo: el
neoliberalismo represivo. (Miguel Ángel Contreras Natera: 2014). Promediando los 80´ los inventores de tanto
dolor estaban ya convencidos de haber domesticado el espíritu de los habitantes
de esta zona, y entonces comenzaron a avanzar con sus negocios de usurpación,
tras las máscara de benefactores para el
tan ansiado desarrollo. Aflojaban la
mano represora y comenzaba la era de la Patria Financiera, que toma distintos
colores según el carácter vernáculo de los pseudo-líderes locales, vasallos de
los “técnicos” preparados para la ocasión en la afamada Escuela de Chicago,
monitoreados por los no menos reconocidos “Chicago boys” desde EEUU.
A este despertar y su accionar en consecuencia, se le llama
: descolonización.
Uno de esos conflictos, aunque no es el único, lo veo
surgir entre los ¨hispanistas¨, esos que celebran como propia la fecha del 12
de octubre, y consideran que España nos trajo la “evangelización” y la
“lengua”, como elementos fundamentales
para considerarnos un “crisol de razas” con palabras de Vasconcelos.
Otros en cambio, pensamos de muy distinto modo y trataré
de expresar el sentir de unos y de comprender a los otros, buscando a través
del reconocimiento del conflicto (Del Percio:2012), afianzar el vínculo fraterno
que nos une. Para hacerlo recurro a los Maestros de uno y del otro lado de
estos pareceres: Manuel Ugarte, José Ingenieros, José Martí, Leopoldo Zea, Aime
Cesaire, Enrique Dussel, entre otros.
Volviendo sobre los escritos de Manuel Ugarte, a leer su clara
y encendida prosa que alertaba contra las intenciones imperialistas de la
América del Norte, y su urgente convocatoria a los hermanos latinoamericanos
para realizar el sueño de San Martín y de Bolívar, se puede entender por qué Ugarte,
intelectual de la generación del 900, colocaba a España, parte del Occidente
conquistador, en el pedestal de la “Madre Patria”.
La España de la
Conquista, junto con Inglaterra, Francia, Holanda, fueron sin duda las
autoras del genocidio contra los
habitantes de estas tierras Americanas, y depredadoras de las poblaciones
africanas, arreadas como animales para ser esclavizadas.
Claro que no
hablamos de la España contemporánea,
hija del dolor de la frustración de la República y de la represión del
franquismo, víctima actual del descarnado neoliberalismo. Hablamos de esa tierra cuna del oscurantismo
inquisitorial, de la limpieza de sangre, de la España de la que partieron los
hombres cargando sus miserias, sus ambiciones, buscando aventura y riquezas sin
importarles el modo de obtenerlas.
A ellos se refería un contemporáneo de la “epopeya”
llamada “descubrimiento del Nuevo Mundo”: Giordano Bruno. Este hombre nacido en Italia en 1548 y quemado
vivo en las hogueras de la Inquisición en 1601, los denunciaba con estas
palabras:
“El cinismo de la ´conquista´ enmascarada como ´descubrimiento´ por los modernos Tifis, los modernos Argonautas, movidos no por el deseo de conocer sino por la avidez de ganancias. Esos han turbado la paz allá, confiscando a otros hombres sus tierras y sus riquezas, destruido sus religiones y sus costumbres (…)”[i]
Pero para esa generación de latino americanos del 900, en especial para Manuel Ugarte, José Ingenieros, que vivían la impotencia ante el avance expansionista del poderoso Norte, sobre México, sobre Nicaragua, sobre Cuba, y finalmente sobre Colombia, de la que desgajaron Panamá, la urgente necesidad de hacer realidad la PATRIA GRANDE los llevaba a recurrir a una historia y una lengua que compartimos.
Cuba peleaba por
su independencia de la corona española y Estados Unidos intervino en ese
conflicto, como años antes lo hiciera Inglaterra en las colonias americanas,
para, en tanto simulaba apoyar la liberación, ocupar militarmente y apoderarse
del territorio liberado.
Esto hizo volver los ojos de los criollos nuevamente
hacia España, buscando revalorar la importancia de la historia común, -aunque
fuera la de la conquista-, el idioma español, las raíces familiares. España era
tierra de sus abuelos, y ahí buscaban una fortaleza y un retorno a los ideales
de la integración “hispanoamericana”. Además
consideraban que ese espacio “hispanoamericano” no excluía a España. De tal modo que al decir de Ugarte, las guerras de la
independencia protagonizadas por los criollos, fueron en realidad momentos de
una guerra civil:
” Los españoles
de la Nueva España se sintieron sacrificados a los de la España Madre (…) Pero en ningún
caso se puede decir que América se
emancipó de España. Se emancipó del estancamiento y de las ideas retrógradas
que impedían el libre desarrollo de su vitalidad.(…) La revolución se hizo en resumen, con los
hombres de la cultura de España .”(Ugarte,1910 )
Las ideas de Manuel Ugarte, junto con las de José
Ingenieros, resultan vigentes, con toda su fuerza de maestros, en cuanto a su
visión del imperialismo norteamericano, pero aún era pronto para que los
intelectuales argentinos vieran que la Conquista
era el antecedente del imperialismo.
Tal vez por la
coyuntura de la época en que les tocó vivir, no les fue dado ver que el mundo estaba repartido, como lo fue,
y de modo muy evidente después de la
segunda Guerra Mundial, y que Occidente transformó su práctica colonizadora por
las más crudas formas del imperialismo.
Manuel Ugarte
hablaba en Barcelona, el 25 de mayo de
1910, año en que el país cumplía el primer centenario de su independencia de
España. A la Argentina llegaba como
invitada la Infanta española, y era
recibida con todos los honores por los miembros de la oligarquía
terrateniente. Se honraba a la “Madre Patria” y se hablaba
con orgullo de Hispanoamérica.
Pasaron de estos
sucesos otros cien años.
El Bicentenario llegó en un contexto
muy diferente: en la América Latina, o mejor en Nuestra América, glosando a
José Martí, se respiran aires nuevos. Hoy los pueblos son conscientes del
momento que están viviendo: gobiernos democráticos, elegidos por el voto
popular, reconociendo la voluntad de integración en medio del respeto a la
diversidad de culturas que pueblan el continente suramericano. Tal vez por eso festejamos entonces, con tanto
entusiasmo en el 2010 el Bicentenario de
la Patria. Además estuvimos atentos a la
celebración del mismo evento en cada uno de los países hermanos. La historia de
los pueblos de nuestra región, desde el Caribe hasta la zona más austral de
Suramérica, tienen en su historia la
dolorosa experiencia compartida: el haber sufrido la conquista con su
correspondiente genocidio, la
explotación del trabajo esclavo tanto de sus naturales como de las poblaciones
de personas de origen africano, que fueron secuestradas y esclavizadas por los
mercaderes europeos.
Haití, que fue
el primer país de la región en luchar
por su independencia, sufrió una larga guerra contra el colonizador francés. La
Francia, que orgullosa mostraba al mundo su Declaración de los Derechos del
Hombre, y proclamaba los principios de Igualdad, Libertad y Fraternidad para
todos los hombres, dejaba afuera a los esclavos de sus colonias.
Los principios de Igualdad, Libertad, Fraternidad
mantuvieron siempre la selectividad para su aplicación: esas categorías del
lenguaje eran aplicables sólo para el
Occidente colonizador, no para el resto del mundo. Una muestra de esto es la
contemporaneidad de la Declaración de los Derechos del Hombre en el territorio
francés en tanto que Francia ejercía una de las más dolorosas formas de
colonización en Haití. Esa colonia que era la fuente de su naciente poder
económico y Francia no estaba dispuesta
a perderla. Haití fue víctima de la
represalia de todo Occidente por esta lucha de liberación, que resultó un
terrible mal ejemplo para la región. Represalia de la que fue víctima más tarde
el Paraguay, por su pretensión de industrializar e independizar económicamente
a un país de la región: un ejemplo peligroso para el imperialismo inglés de
entonces (Eduardo Grüner, 2009)[ii],
como lo fue más tarde para el imperialismo norteamericano cualquier intento de “independencia económica, soberanía política y justicia social” en Nuestra América
Aún antes de
comenzadas las luchas por la independencia de la España Colonizadora, habían comenzado las luchas de liberación
protagonizadas por los distintos pueblos de nuestra región, luchas por la
recuperación de sus tierras usurpadas, por sus culturas arrasadas. Esta historia poco difundida es tan ignorada,
como conocida y difundida en relación inversa lo es la historiografía oficial
escrita por el vencedor. Pero
continuamos incurriendo en la misma falacia de nuestros inicios, y esto lo ve claramente Rodolfo Kusch:
“En América se presenta ante todo un problema de
integridad mental, y la solución consiste en tomar el antiguo mundo para ganar
la salud. Si no se hace así, el antiguo mundo continuará siendo autónomo y, por
lo tanto, será una fuente de traumas para nuestra vida psíquica y social”[1]
En su ensayo sobre el poema de Juan de Castellanos, Elegía de varones
ilustres de Indias, menospreciado por los hispanistas[2],
dice el escritor colombiano William Ospina:
“Es significativo que hayamos crecido en la certidumbre
de ser los pueblos pobres de la tierra,
cuando lo que ha caracterizado nuestra historia ha sido más bien una riqueza
desmesurada, cuando el fruto del trabajo y del sufrimiento de incontables
hombres americanos y africanos abrió los caminos de la modernidad. Si pensamos
además en el petróleo, en el caucho, en la madera, en la quina, en la coca, en
la extraordinaria diversidad biológica, comprendemos que nuestro destino ha
sido más bien la maldición de la riqueza, esa abundancia extrema que ha sido
objeto secular de codicia y rapiña (…)”[3]
Es que el lenguaje construye verdades que son ilusiones
y que hemos olvidado que lo son y esto es lo que fue creando esa
pseudo verdad, que en este caso es la “historia del descubrimiento del
nuevo mundo”. Es así como se fue conformando ese corpus, ese monumento
epistemológico, que podemos llamar con el término acuñado por Boaventura de
Sousa Santos: epistemicidio
Un verdadero “epistemicidio”, qué como el mismo autor
afirma, no sólo impuso y legitimó la
conquista genocida, sino que modeló la
mentalidad de los colonizados de modo que, liberados del yugo del conquistador
aun continuaron sujetos en las mentalidades y subjetividades, en la cultura y
en la epistemología, y que esto sigue reproduciéndose de un modo endógeno”[4]
Los festejos del Bicentenario nos dieron la oportunidad de compartir nuestras historias, profundizar el conocimiento de estos temas, y nos ayudó a constatar que nuestras actuales y problemáticas “ relaciones de dependencia “ resultan, antes que nada, de una dependencia histórica en que se constituyeron los países de América Latina. “Cuando llegamos a comprender esto, los términos desarrollo/subdesarrollo, centro/periferia, comienzan a resultarnos sinónimos para ocultar la realidad: conquistadores/conquistados, colonizadores/colonizados .”(Octavio Ianni:1970)
Civilización o barbarie es otra versión de ese binomio, que sigue
vigente entre nosotros y que tuvo como el poder de legitimar el genocidio.
Superar esta
antinomia es imprescindible para alcanzar la deseada Fraternidad que haga
posible en igualdad y libertad el logro de nuestro ansiado sueño para todos los
habitantes de Nuestra América: la PATRIA GRANDE.
Marta Lucía Nesta
Foro de Pensamiento Latinoamericano por la Identidad y la
Integración
[1]
Kusch, Rodolfo. América profunda,
Ed. Bonum, BsAS 1986,”Exordio”
[2] Ospina, William , en Auroras de sangre Ed. Norma, Colombia, 1999,
p…“A Juan de Castellanos los poetas lo declararon historiador y lo historiadores poeta, para no tener que ocuparse de él(…) “contra su libro figuraba las más ilustres descalificaciones y censuras como la del inevitable Marcelino Menéndez y Pelayo.”p24
[3]
Ospina, William ...idem
[4] De Sousa Santos, Boaventura. Descolonizar el saber, reinventar el poder Ed. Trilce Extensión Universitaria, Montevideo, 2010.
[i]
Hador, Pierre en Prefacio al ensayo de Nuccio Ordine La soglia dell´ombra. Letteratura, folosofia
e pittura in Giordano Bruno. Ed. Marsillo, Venezia, 2003.
[ii]
Grüner, Eduardo “¿Cuál bicentenario? Sobre el “olvido” de una revolución
fundacional: Haití” en La Biblioteca, N°8, 2009, República
Argentina.
[iii]
Ianni, Octavio Imperialismo y cultura de la
violencia en América Latina Ed. SigloXXI, México,1970.
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